La inteligencia colectiva y la innovación social son claves para repoblar la España Vaciada

Por Alba Martínez Vicente

Proyectos como El Hueco o proyectos locales ayudan a paliar la despoblación rural

La despoblación es uno de los principales problemas de España, debido a la Covid-19 ha sido puesto a un lado de la agenda, pero no debemos olvidar que cuando todo pase los retos que existían continuarán. La estrategia para afrontar el reto demográfico tiene que plantearse como algo más que el problema de la despoblación rural, debe ser afrontado como una cuestión de Estado. Por todo el territorio español es evidente que existe la necesidad de mejora de las comunicaciones y los servicios como son el de educación, salud, red…  La creciente interacción ha dado lugar a una mayor convergencia entre el medio rural y el medio urbano. Aún existen zonas con problemas de infraestructuras, así como con escasas dotaciones en equipamientos y con dificultades para acceder a los servicios básicos, aunque en la actualidad la tendencia general es la mejora del medio rural, según Eduardo Moyano, del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA/CSIC). 

La realidad es que muchos pueblos siguen quedando atrás en el intento de equiparación con las urbes, y como consecuencia la falta de oportunidades y el abandono. Según un artículo de eldiario.es, el problema de fondo de este complejo asunto radica en el atractivo que sigue teniendo la vida en los núcleos urbanos. Siempre ha existido, pero se acentúa con el actual modelo de desarrollo económico basado en la producción, el consumo y el sistema de valores asociados. Abordando los datos son más las personas que, a nivel mundial, viven en el medio urbano que las que residen en el medio rural. En porcentajes, el 80% de la población española vive en municipios de más de 30.000 habitantes. “Invertir esa tendencia es una tarea hercúlea, ya que el problema del declive demográfico forma parte de un proceso más amplio de cambios culturales, sociales y económicos que difícilmente las políticas pueden detener, aunque sí tratar de paliar sus efectos mediante programas que eviten el deterioro de la calidad de vida de las personas que, en uso de su libertad de elegir, deciden vivir en pequeños núcleos rurales”, asegura Eduardo Moyano. 

Tras la crisis de la Covid-19 muchos están apostando por retornar a los lugares de donde, por el momento, proviene eminentemente la mayor parte población española. Muchos pueblos han visto resurgir su padrón tras la pandemia. El confinamiento ha generado un cambio de perspectiva viendo las ventajas que ofrece vivir en una zona poco poblada. A mediados de abril, el portal inmobiliario Idealista publicó un estudio donde confirma que durante las primeras semanas de confinamiento, la demanda de vivienda se trasladó desde las capitales a los municipios de provincia. Los pueblos concentran el 13,2% de las búsquedas de vivienda, frente al 10,1% del mes de enero, según este informe, que refleja que el interés por las propiedades lejos de la capital ha aumentado en todas las provincias españolas. 

Esta tendencia no va más allá de un pequeño cambio. En el caso concreto de la despoblación rural para las voces expertas “es necesaria una estrategia diferenciada y flexible adaptada a las características de cada comarca (agrícolas, ganaderas, forestales, periurbanas,…). Debe ser, además, una estrategia que ponga en marcha sistemas eficaces de gobernanza territorial para impulsar dinámicas de concertación en el medio rural y de participación de las poblaciones locales en la definición de sus programas de desarrollo”, explica Eduardo Moyano. Las medidas hay que estudiarlas con detenimiento. “Existen núcleos de población pequeños desde hace mucho tiempo, habría que distinguir qué es lo que se pretende, qué es lo adecuado para esos núcleos pequeños y diferenciar la potencialidad de recursos”, dice Carmina Villanueva, alcaldesa de Torrebaja, un municipio valenciano de 400 habitantes. Medidas que deben llegar más allá con el fin de que exista igualdad de derechos y oportunidades para todos los ciudadanos, vivan donde vivan, pudiendo elegir dónde hacerlo.

Edificio Puebla de San Miguel, Rincón de Ademuz. Fotografía: Alba Martínez Vicente

En medio de este contexto, por la necesidad imperante de un marco internacional común que ponga soluciones a las grandes dificultades mundiales, en 2015, todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas aprobaron 17 Objetivos como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en la cual se establece un plan para alcanzar los 17 Objetivos para las personas y el planeta, en 15 años. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) constituyen un llamamiento universal a la acción para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas de las personas en todo el mundo. Actualmente, se está progresando en muchos lugares, pero en general, las medidas encaminadas a lograr los Objetivos todavía no avanzan a la velocidad ni en la escala necesarias. 

El mundo cada vez está más urbanizado. Desde 2007, más de la mitad de la población mundial ha estado viviendo en ciudades, y se espera que dicha cantidad aumente hasta el 60 % para 2030. Las ciudades representan alrededor del 70 % de las emisiones de carbono mundiales y más del 60 % del uso de recursos. La rápida urbanización está dando como resultado un número creciente de habitantes en barrios pobres, infraestructuras y servicios inadecuados. Está empeorando la contaminación del aire y el crecimiento urbano incontrolado. Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La rápida urbanización condiciona el entorno de vida y la salud pública, desde 2016, el 90% de los habitantes de las ciudades respiraba aire que no cumplía las normas de seguridad establecidas por la Organización Mundial de la Salud, lo que provocó un total de 4,2 millones de muertes por la contaminación atmosférica. Más de la mitad de la población urbana mundial estuvo expuesta a niveles de contaminación del aire al menos 2,5 veces más alto que el estándar de seguridad, según datos de la ONU. Con el fin de concretar soluciones para solventar estos problemas la ONU desarrolló el Objetivo número 11: “Lograr que las ciudades sean más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles”, con unas metas para llegar al objetivo en 2030. 

Proyectos para hacer tangible el ODS 11 

La despoblación no solo lleva consigo que los pueblos se queden vacíos, desaparezcan, con ellos también se pierde todo un ecosistema de vida sostenible, conocimiento, patrimonio histórico y cultural. En España uno de los proyectos que luchan por estos territorios, a través de la innovación social para construir una nueva ruralidad es El Hueco. Se trata de un programa de la ONGD Cives Mundi que tiene como objetivo fomentar el emprendimiento social para buscar soluciones sostenibles a las necesidades y problemas sociales, especialmente en áreas rurales escasamente pobladas, que contribuyen al desarrollo sostenible.

En una entrevista a Joaquín Alcalde, ingeniero agrícola, director de El Hueco y coordinador del proyecto TERRIS, un proyecto cuyo pilar es la inteligencia colectiva, cuenta que para repoblar los pueblos de España, y otras cuestiones, somos mejores si estamos y pensamos juntos. “En el Hueco nos dimos cuenta de que si queríamos conseguir resultados diferentes no podíamos seguir haciendo lo mismo. Pensamos en que el mejor camino para buscar soluciones era atraer o poner en valor a la colectividad. Creamos un ecosistema, una comunidad de emprendedores, de personas inquietas que quieren hacer cosas. La inteligencia colectiva para nosotros es fundamental, no podemos vencer un reto tan grande como es el de la reactivación de nuestros pueblos, si no somos conscientes de que esto es una tarea de todos, incluso de los que piensan diferente, tenemos que conseguir que todo el mundo contribuya de alguna manera con su pensamiento y con sus iniciativas a sacar este reto adelante”, explica Joaquín Alcalde.

“Ciudadanos urbanos, jóvenes, nuevos profesionales, están buscando un lugar donde vivir en lo rural, están hartos de vivir malamente en la ciudad, con unos sueldos y unas condiciones de vida precarios, todo esto se ha acelerado por la Covid-19. Le hemos visto las costuras al modo de vida urbano y ahora empezamos a ver de una manera más seria la alternativa de vida en lo rural. España es, probablemente, uno de los países de Europa donde el sector rural está más denostado”, declara el Director del Hueco. “Nosotros estamos convencidos de que para poder emprender en zonas rurales, lo más importante es generar comunidades de emprendedores que sean capaces de, retener la capacidad emprendedora que existe en las zonas rurales y que sean capaces de atraer talento de zonas urbanas y ayudarle a integrarse y a desarrollar sus actividades en las zonas rurales” explica Joaquín Alcalde, desde su pueblo en Soria, en el lugar en el que  apostó por vivir desde que pudo elegir dónde hacerlo.  

Este programa contiene diversas líneas de acción que se pueden relacionar con cada meta desarrollada para el objetivo 11 de los ODS. En sus doce líneas de investigación para construir una nueva ruralidad encontramos: ‘economía agropecuaria y forestal’, consiste en recuperar tierras y montes abandonados e infrautilizados para que sean una fuente de generación de valor y oportunidades. Junto con el de ‘arte, cultura y deporte’ para la creación de proyectos artísticos, musicales, antropológicos… y el departamento de ‘turismo patrimonio y gastronomía’ que se encarga de la comunidad local gestione y promocione su propio patrimonio ayudan a que se desarrolle la meta 11.4 “redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural” allá donde abarque su actuación.

En el de ‘energía asequible y no contaminante’ proponen el  desarrollo de modelos de comunidad energética rural para uso residencial, ganadero, de transformación t riego. Ayudando a materializar la meta: 11.b “De aquí a 2020, aumentar considerablemente el número de ciudades y asentamientos humanos que adoptan e implementan políticas y planes integrados para promover la inclusión, el uso eficiente de los recursos, la mitigación del cambio climático y la adaptación a él (…)”.

En ‘nuevas economías e innovación social’ buscan una metodología para que cualquier pueblo pueda generar su propio modelo, basado en la autogestión, la innovación, la diversificación y la sostenibilidad. Consiguiendo mecanismos para alcanzar las metas: 11.3 “De aquí a 2030, aumentar la urbanización inclusiva y sostenible y la capacidad para la planificación y la gestión participativas, integradas y sostenibles de los asentamientos humanos en todos los países” y la 11.6 “De aquí a 2030, reducir el impacto ambiental negativo per cápita de las ciudades, incluso prestando especial atención a la calidad del aire y la gestión de los desechos municipales y de otro tipo”. Para conocer más acerca de este propósito Javier de los Nietos, miembro del grupo de 100 personas que sacan adelante este proyecto poniendo en común los conocimientos de su área de acción. Nos cuenta cómo personas de toda España ofrecen puntos de vista interesantes sobre la relación de las personas con el mundo rural.

Edificio Puebla de San Miguel, Rincón de Ademuz. Fotografía: Alba Martínez Vicente

Javier de los Nietos, biólogo y alcalde de uno de los pueblos más sostenibles de España, cree en “una nueva ruralidad abierta a las oportunidades y que abandone el victimismo. Tenemos el mejor entorno y las posibilidades están ahí para quien quiera sumarse. Una nueva ruralidad para el que quiera disfrutar de todo lo que conlleva el proceso de aterrizaje, de formación, de aclimatación, de enraizamiento del territorio. Abiertos a la innovación, cualquiera puede proponer una revisión de aquello que se está realizando de forma tradicional. Soluciones que permitan desbloquear problemas del entorno rural más allá de lo que está pasando en las grandes ciudades. Tenemos la oportunidad de abarcar los grandes problemas y partirlos en trozos muy pequeñitos, cuando hablamos de zonas rurales y de darles soluciones, y eso en el entorno urbano no sucede. Ser capaces de analizar las cosas desde otra perspectiva, con una lupa y una óptica diferente y eso es a lo que invitamos”.

Javier de los Nietos explica que está todo por hacer. “Es un gran reto, supone que se sume gente joven y cualificada para prestarles servicios. Un ejemplo es la educación. Escuelas pequeñas, que parece que no hay medios, ni grupos de alumnos y ahora son el mejor lugar donde poder mantener una educación al aire libre, en la naturaleza. Tenemos un ejemplo en nuestra localidad, un bosque-escuela implantado, que es la primera en España, certificada. Está siendo un atractivo para familias. Familias que cambian toda su planificación, todas sus rutinas porque sus hijos intervengan en esta escuela”. Entre otras iniciativas de El Boalo-Cerceda-Mataelpino como la recuperación de rebaños o una aplicación para adquirir bienes que a otros ya no les hacen falta, son algunas de las formas locales de hacer más sostenible un municipio y atraer población, la oportunidad del mundo rural.

Javier de los Nietos propone el modelo de las biorregiones. “Una biorregión es considerar la estructura y la planificación del territorio en pequeños ecosistemas. La ciudad está demandando recursos, devuelve una serie de residuos, emisiones y flujos de energía, que se tienen que conectar con un entorno cercano. Hay ciudades que tienen una incidencia por su acumulación y consumo directamente sobre el ambiente que nos rodea a los pueblos. Por ejemplo, hay grandes núcleos de gases a escala en la Sierra de Madrid derivadas de esa boina de la gran ciudad. Al final todo se tiene que contextualizar en un entorno o un sistema, un paraguas mayor, ahí es donde las ciudades tienen que recurrir al auxilio del entorno rural. Es ese entorno el que puede salvar a las ciudades”.

“En una ciudad tú formas parte del proceso, sin embargo, en una zona rural, tú finalizas el proceso. Realizas economía circular desde el inicio hasta el final. En tu jardín o en tu huerta puedes recoger una hortaliza, llevarla a casa y cocinarla, los restos orgánicos llevarlos otra vez como abono a tu huerta. En la ciudad esa oportunidad no te la ofrece. Puedes ser más sostenible comprando una hortaliza ecológica o de kilómetro cero y participar llevándola luego a un contenedor marrón, pero no llegas a ver finalizar el proceso. La economía circular en los pueblos se puede personalizar, tiene vida, no es un proceso alineado en el que al final hay una serie de operarios, máquinas, infraestructuras que intervienen, es mucho más natural” expone Javier de los Nietos.

Otro de los retos importantes es “que nos estamos dando cuenta de que con la globalización, las ciudades han sido centros turísticos y comerciales, se han deshumanizado y realmente las ciudades tienen muy poco tejido social. Tan necesario para conocer a las personas, donde se genera es en los entornos rurales. La gente en las ciudades sale de esos barrios porque necesita tejido social y al final lo encuentra en sus segundas residencias, en pueblitos de antaño. Pero realmente en las ciudades esa socialización apenas se produce”, revela Javier de los Nietos. “La ciudad es muy dura, el día a día y las rutinas. De la ciudad hay que descansar, desconectar para regenerarse, del campo normalmente no hay que descansar. Esa fortuna que ofrece el mundo rural hay que aprovecharla. El mundo rural es un mundo que nos ofrece una oportunidad para adaptar todo lo que es nuestra vida social, cotidiana, familiar y de trabajo, a un ambiente psicológico más amable que el de la híper competitividad de las ciudades que devora prácticamente todo”, concluye Javier de los Nietos.

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