Igor Idoeta Irazabal, ¿es esto un plan de lectura? desde Markina-Xemein

Por La Circular

En el tercer convite del Bibliocatessen 2026, celebrado en Priego, Igor Idoeta Irazabal planteó una reflexión centrada en la práctica lectora municipal y su encaje en las políticas públicas. Bibliotecario municipal desde hace 28 años en Markina-Xemein, presentó la experiencia desarrollada desde la Herri Biblioteka bajo el título ¿Es esto un plan de lectura?.

“Hacemos mediación lectora todos los días, porque la biblioteca funciona así”, afirmó Igor Idoeta al describir la actividad de la Herri Biblioteka de Markina-Xemein. Su intervención partió del trabajo ordinario del servicio, entendido como una práctica continuada integrada en la gestión diaria de la biblioteca municipal.

Ese trabajo se articula a través de acciones estables que se mantienen en el tiempo. “Tenemos clubes de lectura, una programación regular con poesía y álbum ilustrado, estamos implicados en el plan de lectura escolar y trabajamos con las asociaciones del municipio”, explicó. Se trata de líneas de actuación que forman parte de la estructura del servicio y que sostienen la relación con distintos sectores de la población.

“La biblioteca está presente en muchos espacios del pueblo”, señaló Idoeta al referirse a la proyección del servicio fuera del propio edificio. “No es solo lo que pasa dentro de la biblioteca, es estar en los centros educativos, en actividades compartidas y en espacios donde la lectura tiene sentido para la gente”. Esta presencia facilita una conexión directa con el contexto local y con las dinámicas sociales del municipio.

A partir de esta descripción, la intervención se centró en la pregunta que da título a la ponencia. “La cuestión es si todo esto que hacemos puede llamarse un plan de lectura municipal”, planteó. El interrogante se formuló como una revisión del marco en el que se desarrollan las acciones lectoras y de su grado de articulación.

En ese punto, Idoeta se detuvo en la planificación como herramienta necesaria. “Muchas veces vamos sumando acciones, con mucho trabajo detrás, pero sin análisis previos, sin objetivos definidos y sin criterios de evaluación”, explicó. Esta forma de trabajar dificulta ordenar el conjunto de iniciativas y valorar su alcance. Desde su experiencia, la biblioteca asume una parte relevante del trabajo lector del municipio y requiere un marco municipal que dé coherencia y continuidad a ese esfuerzo.

Otro de los aspectos abordados fue el papel de las administraciones. “Un plan de lectura necesita una apuesta clara por parte de las instituciones”, indicó, subrayando que el trabajo bibliotecario puede impulsar iniciativas, pero requiere respaldo político para consolidar un proyecto municipal coherente.

La intervención de Igor Idoeta aportó una reflexión ligada a la práctica diaria y compartida por numerosos profesionales. Su exposición invitó a revisar el trabajo ya realizado y a situarlo dentro de estrategias más definidas, reforzando el papel de la biblioteca municipal en las políticas públicas de lectura.

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