
El director evoca la pérdida del rostro de los seres amados y el ritual de la máscaras como conductos hacia el más allá, fue elegida como máxima vencedora del certamen por “crear una voz única y especial a través de un lenguaje propio alejado de todo convencionalismo”. Los miembros del Jurado Oficial, Narce Ruiz, Oana Ghera y Guillermo Benet, también quisieron destacar el “profundo amor al cine” que muestra este cortometraje y su apuesta por hacer “construir un relato que hace viajar al espectador por temas tan importantes como la muerte, la memoria y los fantasmas”.
Como es habitual, el certamen aguilarense proyectará cuatro sesiones entre el miércoles 3 y el viernes 5 con una selección de trece de sus obras, rodadas entre 1987 y 2022. Esta será la primera retrospectiva que se podrá ver en España sobre el cineasta belga, que ha dedicado casi toda su carrera a la creación en formato corto. Entre los títulos destacan: Point de fuite, Pensées et visions d’une tête coupée, Mort à Vignole, Voyage autour de ma chambre, La légende dorée y Axolotl
Con el reconocimiento tributado por el Aguilar Film Festival, Olivier Smolders añade su nombre a un palmarés en el que también están presentes la cineasta lusa Rita Azevedo, que recibió el galardón el año pasado, y los franceses Eugène Green y Vincent Macaigne, premiados en 2023 y 2022, respectivamente.

CINE SOBRIO Y DE CONTRASTES. Su formación como filólogo y la influencia de su entorno familiar, con un padre escultor y un hermano pintor, se dejaron notar en su estilo cinematográfico desde sus primeras obras, que habitualmente parten de fuentes literarias y tienen un acusado componente pictórico. En ellos aborda temas diversos, aunque hay algunos como la espiritualidad, la violencia, la locura, la memoria o el erotismo que se repiten con frecuencia. Algunos críticos cinematográficos le definen como un cineasta sobrio, con una puesta en escena rigurosa y bellas composiciones en blanco y negro, una descripción que se antoja tan cierta como parcial y que quizá se debe al éxito de su obra temprana.

Con uno de sus primeros cortos, Adoration (1987), recorrió infinidad de festivales en todo el mundo, y su díptico formado por La philosophie dans le boudoir y Ravissement (1991) es famoso en contextos francófonos. Sublime o grotesco, moderado o exagerado, el cine de Smolders es siempre muy intenso. En él existe una tensión entre su buen gusto fílmico y su atracción por depravaciones mentales, asesinos en serie, cuerpos descuartizados y sexualidad explícita. En realidad, Smolders es un hombre lleno de contradicciones, y su cine también, pero es precisamente en ese contraste donde radica su fuerza. Si en los primeros 15 años de su filmografía predominan las adaptaciones literarias y las reflexiones sobre el arte, con la llegada del nuevo siglo se abre a nuevos territorios digitales y amplía sus temas, siendo autor de una filmografía muy variada en contenido y forma, en la que explora con frecuencia a través del género documental. Es en estos momentos cuando dirige su único largometraje de ficción, titulado Nuit noire (2005).