
Varias décadas después de ‘Amore di plastica’ y de ‘Confusa e felice’ que la catapultaron, en el sentido literal de la palabra, hacia un estrellato mundial como la gran estrella atormentada del pop mediterráneo. Siciliana de origen, huyó muy joven a la península buscando “ese continuo en el que todo tiene esa tranquilizadora uniformidad” de las grandes ciudades del que hablaba Chirbes.
Pero como ha explicado ella misma en alguna ocasión «Ninguno de nosotros puede prescindir de nuestras raíces, porque representan quiénes somos desde un punto de vista cultural y emocional», y ese alma de blues mediterráneo, ese paisaje atormentado de su Catania natal que parece invitar al silencio se instaló en sus canciones. Un silencio que quiso romper con toda la potencia de sus metáforas.
Toda una declaración de intenciones de la edición de la Mar de Músicas 2024 comenzar con Carmen Consoli en el patio del Antiguo CIM, tras el arranque en la Plaza del Ayuntamiento de esa oda a la libertad que es Karmakadabra.

El primer sonido de esta edición del festival fue la zampona de Gemino Gala paseando entre el público de lo que fue la antigua casa de presidiarios y esclavos de Cartagena. Melodías de pastores, de gentes del pueblo, que anunciaba la tormenta que rompería el silencio de tantos siglos de gentes condenadas al silencio. Ningún sitio mejor que esta casa negra para alzar la voz.
Obligada por el exquisito cumplimiento de horarios, redujo su setlist para adaptarse a la hora y poco de concierto exigidos, pero en lugar de acelerar, condensó, decantó y concentró toda la potencia de su repertorio. Arrancó versionando a Rosa Balistreri, la voz siciliana del siglo XX, y también tuvo tiempo para recordar algunos de sus temas más reconocidos internacionalmente, pero el peso del repertorio fue una reivindicación de sus raíces sicilianas. Consoli pintó con toda la belleza de la vida, un fresco de desgarros y dolores silenciosos, de vida mediterránea a acostumbrada a callar, pero que la cantautora italiana ha convertido en melodías para ser cantadas, porque como dijo sobre el escenario de Cartagena, citando al siempre añorado Battiato, “Elegir la paz no es una opción, es la condición fundamental de existir”. Un pequeño altar dedicado al siempre añorado calabrés en forma de canción, ‘Stranizza d’amuri’.

Sobre el escenario la voz sabia de las abuelas sicilianas, el drama de la pederastia silenciada en nombre del buen nombre familiar, la condena cruel a las mujeres abandonadas en el altar o la presión social del cotilleo en las pequeñas comunidades. Canciones en dialecto que tratan de entender lo que dice la tierra, cantos de apego a la tierra, pero también de fuertes reproches a esta “tierra hermosa pero desolada” a la que cantó también Rosa Balistreri que volvió a versionar en ‘Terra ca nun senti’.
Un canto a la vida que es siempre capaz de sorprendernos. Consoli ayer en el CIM sorprendió y dió vida. Aunque modestamente haya dicho en más de una ocasión “Ma a me sta bene così, sono una che canta, punto e basta”.
Carmen Consoli actuó el 19 de julio de 2024 a las 20:00 en el Patio del Antiguo CIM en el ‘Escenario Repsol’ de la Mar de Músicas de Cartagena.
Texto: José An. Montero / Fotos: La Mar de Músicas-Pablo Sánchez del Valle
