
La intervención de Belén Sáez en Bibliocatessen 2026, celebrado en Priego, ofreció una aproximación al trabajo editorial desde la experiencia y la relación con bibliotecas y mediadores. Delegada de Kalandraka Editora en Madrid, Sáez recorrió los veinticinco años de trayectoria de una editorial que ha construido su catálogo a partir de una línea clara y reconocible. “Publicar libros para soñar no es un lema bonito; es una forma de trabajar y de decidir qué libros se publican y cuáles no”, señaló.
Durante su exposición explicó cómo, en los primeros años, Kalandraka funcionaba desde Galicia con una estructura pequeña. La apertura de la delegación en Madrid respondió a la necesidad de proximidad con los espacios donde los libros circulan. “Éramos una editorial que estaba muy lejos físicamente y necesitábamos estar más cerca de las bibliotecas, de las ferias del libro y de las personas que recomendaban nuestros títulos”, explicó. Ese movimiento permitió reforzar la relación directa con profesionales de la mediación lectora.
El recorrido por el catálogo sirvió para detenerse en la manera de entender la literatura infantil y juvenil. Sáez insistió en una idea que apareció varias veces en su intervención: “Nunca hemos trabajado desde la simplificación ni desde la condescendencia hacia el lector”. En ese sentido, habló del cuidado del texto, de la ilustración y del diálogo entre ambos, así como de la apuesta por álbumes ilustrados, poesía y recuperación de clásicos.

Las bibliotecas ocuparon un lugar central en su relato. “Las bibliotecas han sido fundamentales para Kalandraka desde el principio; muchos libros han crecido gracias a que alguien los puso en manos de lectores desde una biblioteca”, afirmó. En su experiencia, estos espacios han funcionado como lugares de descubrimiento, recomendación y lectura compartida, especialmente en la infancia.
En el turno de preguntas, Sáez se refirió a la diversidad lingüística del catálogo y a la traducción como parte del proyecto editorial. “Desde muy pronto entendimos que las historias podían y debían circular entre lenguas”, explicó, señalando que publicar en distintos idiomas forma parte de una forma de entender la cultura como espacio compartido.
El título de la ponencia, En el bosque Kalandraka, apareció ligado a una idea de crecimiento pausado. “Un catálogo se construye libro a libro, con tiempo, con coherencia y con mucha escucha”, señaló, estableciendo un paralelismo con el trabajo bibliotecario. “Editar se parece mucho a cuidar una biblioteca: es una tarea constante, de fondo, que no se nota de un día para otro”.
La intervención de Belén Sáez aportó una mirada editorial que se conecta con la mediación lectora y con el trabajo cotidiano de bibliotecas y profesionales del libro. Su exposición definió la edición como una labor sostenida en el tiempo, basada en la cercanía, el cuidado del catálogo y la relación directa con quienes hacen posible que los libros lleguen a sus lectore