Las clavecinistas checas unieron la música checa y la española del siglo XVIII en Música en la Catedral de Cuenca y celebraron los 300 años de Štěpán con el estreno en tiempos modernos de su Concerto a due Cembali.

En Europa, las distancias son siempre relativas. Entre Nueva York y Los Ángeles hay más del doble de distancia que entre Praga y Cuenca. Somos un continente en el que estamos todos muy juntitos, tanto en el espacio como en el tiempo. Muchos siglos moviéndonos en coordenadas próximas, intercambiando pensamientos y música, pero también guerras y muerte. Muchas manos tocando juntas en un teclado muy pequeño. Una marmita que lleva mucho tiempo al fuego y en la que, como escribió Rousseau hacia 1772, “digan lo que digan, hoy ya no hay franceses, alemanes, españoles, ni siquiera ingleses: solo hay europeos”.
Desde este espacio compartido, de ese tocar a cuatro manos, surge la propuesta de las clavecinistas checas Petra Žďárská y Lucie Žáková para el décimo concierto de la XVI edición de Música en la Catedral de Cuenca, que se celebró este sábado con un programa que ponía, una al lado de la otra, la música checa del siglo XVIII y la de la corte española de Fernando VI y Carlos III, a través de las obras de Josef Antonín Štěpán y Friedrich Wilhelm Heinrich Benda, por un lado, y de Antonio Soler y Domenico Scarlatti, por otro.

Negro y rojo. Los claves flamenco e italiano, enfrentados. Negro y blanco, el vestuario de Petra Žďárská y Lucie Žáková. En el zócalo de la reja, apoyada, la tapa del clave rojo, en la que se leía en griego el lema pitagórico “El número es la esencia de todas las cosas”. Una escuela que ordenaba el mundo en parejas de opuestos. Fuera tronaba. Primer día después de un eterno verano de seis meses. La luz del día ya era oscuridad y tormenta. La lucha de los contrarios, la misma que, según Heráclito, termina en armonía.
Y así, en la distancia, cada universo sonoro en su clave, comenzó el concierto con piezas de Soler y de Štěpán, insigne compositor checo del que se cumplen 300 años del nacimiento y del que Petra Žďárská es una de las intérpretes de referencia. Tras ellas, la imponente reja de Juan Francés, con su coro de ángeles niños en las alturas, y el altar mayor de Ventura Rodríguez, coetáneo de varios de los músicos del programa.

La tormenta cesó, y Lucie Žáková y Petra Žďárská unieron sus manos en el mismo teclado para interpretar la Sonata en Mi bemol mayor a cuatro manos de Friedrich Wilhelm Heinrich Benda. “Esta es una de las ideas de nuestro programa, que queremos compartir estos dos mundos, ponerlos uno al lado del otro, pero también buscar las cosas comunes. Entonces, compartir dos mundos del espacio: el mundo checo y el ibérico; y también del tiempo: dos mundos distintos en el espacio del tiempo”, explicó Lucie Žáková entre pieza y pieza.
Cuando Žáková abordó a solo las sonatas de Scarlatti, la complicidad entre los dos mundos estaba ya fraguada entre sonrisas y abrazos. La tensión convertida en juego, en unos niños que jugaban en primera fila y en un mundo que parece poder recuperar la esperanza a través de la música.

En ese punto llegó el clímax de la velada, el Concerto a due Cembali en Re mayor de Štěpán, una pieza que Petra Žďárská encontró en una biblioteca alemana y que vivía una de sus primeras interpretaciones públicas en tiempos modernos. “El estreno después de 300 añitos, nada más y nada menos”, anunció Lucie Žáková, que asumió el papel de orquesta, con Petra como solista: “Yo soy la orquesta… la orquesta reducida”.
Y después ya fue fluir. “La música es la ciencia de modular bien”, como diría san Agustín desde la tapa del clave flamenco. Sonaron “amigos” contemporáneos como Asís Márquez, con su “Nana”, que Lucie regaló al público cantándola, y “Tambourin”, o el checo Jan Meisl, con “La danza de los ratoncitos blancos”.

Buscando encontraréis. “Quaerendo invenietis”. Y Bach apareció también, oculto entre los cortinajes musicales. Scarlatti nació el mismo año que él, en 1685. Štěpán fue coetáneo de Mozart en Viena, en un tiempo en que, como contó Lucie Žáková, muchos de aquellos compositores eran amigos y en sus obras “se ven algunos motivos robados, prestados o inspirados”. Y Boccherini acabó siendo compositor de cámara de la corte de Prusia, la misma ante la que Bach había presentado La ofrenda musical. El maestro Bach tenía que sumar sus manos al concierto para completar este retablo musical.
Serendipias de la vida. En el bis final, el minueto del Quinteto de cuerda en Mi mayor, op. 11 n.º 5 (G. 275), de Boccherini, se sumó la pequeña Ana Magdalena, que comparte nombre con quien fuera la esposa de Bach, a quien dedicó el famoso cuaderno de minuetos con el que siguen empezando tantas niñas y niños. Fue uno de esos momentos entrañables que tienen los conciertos de la Catedral de Cuenca, siempre mimados hasta límites insospechados.
Fuera regresó la tormenta. Pero eso es otra historia.

Ficha técnica: Horizontes Compartidos. Concierto a dos claves. Concierto 10 de la XVI edición de Música en la Catedral de Cuenca, celebrado el sábado 17 de octubre de 2026, a las 20:00, en la Catedral de Cuenca. Intérpretes: Lucie Žáková y Petra Žďárská, clave (República Checa), con la participación de Ana Magdalena Guerra en el bis. Coordinación artística del ciclo: Lucie Žáková y Carlos Arturo Guerra. Programa compuesto por obras de Antonio Soler, Josef Antonín Štěpán, Friedrich Wilhelm Heinrich Benda, Domenico Scarlatti, Asís Márquez Gonzáles, Jan Meisl y Luigi Boccherini.
