Visita de la Cátedra «Justicia y Prisión» al centro penitenciario Madrid VII

Por El Tomanotas

El pasado 20 de abril, dentro de las actividades desarrolladas por la Cátedra Justicia y Prisión, se produjo una visita al Centro Penitenciario Madrid VII, situado en el municipio de Estremera, por alumnos y alumnas de Facultad de Trabajo Social, de la UCLM, en Cuenca. Una actividad, la de esta Cátedra, que, creada gracias a la colaboración entre la UCLM y la Diputación Provincial de Cuenca como complemento al Centro de Estudios Penitenciario, tiene como objetivo, entre otros, el desarrollo de programas de investigación transversal en el ámbito penitenciario y sancionador, así como el acercamiento de la vida penitenciara y del mundo militar, no sólo al ámbito académico, sino a la sociedad en su conjunto.

La cárcel de Estremera es una prisión situada en la Comunidad de Madrid, en España, siendo está una de las mayores cárceles de Europa, con una capacidad para más de 1.000 internos, hoy en día hay exactamente 1.100 internos, siendo el 10% mujeres y el 90% hombres.

Ese conocimiento del funcionamiento del sistema penitenciario, recogido de los principales actores que en dicho sistema actúan como son desde el director, personal técnico, funcionarios a los propios internos, constituyó la razón fundamental de dicha visita. Así, esa visión de la realidad penitenciaria, desde la óptica de los alumnos y alumnas de Trabajo Social, puede resumirse a través de la impresión que ellos mismos manifestaron y que a continuación se resumen.

La primera impresión, compartida por la casi totalidad de las alumnas, fue la capacidad y extensión de un recinto “formado por 16 módulos, con espacios donde poder acudir los internos, como un polideportivo, una piscina, una biblioteca o un gran patio, (tanto en cada módulo, como el patio general para trasladarse de un sitio a otro)”. Del mismo modo, les sorprendió la “gran cantidad de cursos y actividades que hacen con los internos” y que “es un gran paso para la evolución de estos”. En cuanto a la situación de convivencia en los módulos de respeto visitados, fue objeto de sorpresa “la «libertad» que tenían los que se encontraban en él”, ya que tenían “una imagen distinta de ello”. Ciertamente, lamentaron no haber podido acceder a los módulos ordinarios, lo que, por evidentes razones de seguridad, no fue posible, entendiendo que posiblemente vieron la parte más amable del establecimiento. No obstante, si algo les dejo impresionados fue la visita a las celdas, donde además del orden y limpieza, lo que más les impacto fue ponerse “en la piel del preso, mirando hacia la infinidad por la ventana sintiendo ese vacío y ese dolor”.

También respecto al centro, una de las críticas más comunes radicó en su ubicación. La situación geográfica de esta instalación, entienden, que está enfocada “en la deslocalización de estos centros de internamiento y sobre todo de las gentes que lo habitan; su posición acaba siendo incluso un problema para uno de los funcionarios de prisiones que estuvieron presentes al finalizar la visita”, del mismo modo “la distancia junto con la mala conexión con el mundo exterior provoca que los familiares y allegados de los presos tengan que recorrer grandes distancias”.  

Dentro de la actividad desarrollada por las Trabajadoras Sociales, con los que pudieron cambiar impresiones de primera mano, destacaron, además de la necesidad de una actitud vocacional, la dificultad en la realización de su trabajo al tener “110 internos por trabajador”, entendiendo que se necesita “una mejora de la organización del personal y de los recursos”, para con ello dar “una atención exclusiva para esos internos”. En este sentido, se aboga, en algunos casos, por la creación de centros no tan grandes, sino más “acogedores”, comparándolo, con el de Cuenca.

No obstante, si en algo estuvieron de acuerdo todos y todas, es en que la realidad penitenciaria es más dura de lo que podemos imaginar y que es necesario quitarse “los prejuicios que pueden existir hacia los internos”. El haber podido hablar con ellos, ha hecho que se den cuenta de que “a pesar de que en algún momento han cometido un error en su vida, muchas de ellas consiguen reinsertarse de nuevo en la sociedad y que el problema en la gran mayoría de las ocasiones se encuentra en la sociedad que es quien los excluye cuando estos salen de estos centros, y no pensamos que todos en algún momento de nuestra vida podemos cometer un error y encontrarnos en la misma situación que ellos”. Por tanto, entienden que debemos tratarlos “como personas como son, sin juzgarles por su situación ni el acto delictivo que cometieron, ya que por ello ya les juzgaron”.

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