¿Será qué sólo merecemos silencio, yacer adentro de una fosa de cemento en donde gritan justicia desde fondo nuestros huesos? ¿Cuantas más debemos ser semilla en el centro de los ojos para que se nos reconozca fruto, vida, flor, esencia? ¿Serán que somos menos importantes, que no valemos un peso, y qué la única manera en que nos nombren sea para desearnos el descanso eterno en un trozo de papel amarillo al viento? No sé. Quizá divago y me pierdo creyendo que todo puede ser diferente. Que no necesitamos de tantas, las mártires, para que se reconozca nuestra voz y …