La tercera jornada de la residencia Trashumancias 2.5 avanza entre archivos fotográficos, técnicas con plantas y tableros de juego. La lluvia dio una pequeña tregua y el trabajo se desplazó hacia los interiores, donde cada proyecto comienza a encontrar su forma y su pulso propio.
Ivette Vélez, participante de esta edición, compartió los avances de su proyecto Un herbario extendido sobre las mujeres rurales. A través de la técnica de clorotipia —un proceso fotográfico que utiliza la clorofila de las hojas como soporte visual— está construyendo una narrativa que cruza lo vegetal y lo humano. Durante el día, revisó y seleccionó imágenes de un archivo fotográfico local gracias al préstamo de un libro por parte de Mati. Las imágenes fueron editadas para adaptarlas a la técnica, trabajando los contrastes necesarios para el revelado. Más allá del trabajo técnico, Iveth empieza también a tejer lazos con la comunidad: por la mañana una vecina le regaló una rama de tilo, que sirvió para una primera prueba. La convivencia y el intercambio cotidiano van dejando huella en su proceso creativo.
Javier Soligó, por su parte, desarrolla Juego de los posibles, un proyecto basado en la creación de un juego de rol situado en el propio pueblo. Inspirado en juegos como Dragones y Mazmorras, Javier propone un tablero donde las profesiones, espacios y realidades locales se transforman en material de juego. Su propuesta busca romper con la rigidez de las identidades profesionales y explorar el territorio desde la ficción. Desde la farmacia y el bar hasta los personajes cotidianos del pueblo, todo puede ser parte del tablero. Ayer conocieron a Vicente, un vecino apasionado de Warhammer, y esa anécdota sirvió de puente para hablar de cómo el juego también es una herramienta para imaginar y vincularse con lo real. En los próximos días trabajará con niñas y niños del pueblo para construir el tablero colectivamente.
La jornada cerró con una reflexión importante: en una residencia artística, también hay que aprender a ser sostenibles con una misma, con el cuerpo y con los ritmos. El entusiasmo y la entrega no deben arrastrar la calma ni el cuidado. Crear, en este entorno, no es una carrera de fondo, sino un ejercicio de sintonía con el lugar, con los otros y con el propio deseo de estar presente.
Quedan días por delante, pero este tercero deja una idea clara: aquí no solo se trabaja, también se escucha, se observa y se vive.