Leyendas de Cuenca

Por La Librería del Tiempo

Como bien ya es sabido, la Librería del Tiempo se desarrolla en la ciudad de Cuenca. Como en todos los lugares, hay leyendas e historias que los caracterizan y que perduran a lo largo de los años. En nuestro tercer Podcast, se ha hablado de la leyenda de La Cruz del Diablo, pero esta no es la única. A continuación, vamos a dar un paseo por las historias y leyendas de Cuenca para conocer un poco mejor esta encantada y encantadora ciudad.

La Casa de la Sirena

Cuentan las crónicas que el infante don Enrique de Trastámara fue un día a visitar Cuenca para agradecer a sus habitantes su apoyo en la guerra librada contra su hermanastro Pedro I ‘El Cruel’. Mientras Enrique se encontraba entre la multitud, reparó en una bella muchacha de nombre Catalina. Don Enrique quiso desde el primer momento que la muchacha fuese suya y prometió a su padre bienes y dinero a cambio de su hija.

Debido a los apuros económicos por lo que atravesaba su familia, su padre accedió a dicha petición. Después de pasar una temporada juntos, Catalina se quedó embarazada. Sin embargo, el infante don Enrique tuvo que marcharse apresuradamente de Cuenca por asuntos de guerra, dejando a Catalina y a su futuro hijo recluidos.

El infante don Enrique se convertiría en Enrique II de Castilla en 1369 tras el asesinato de su hermanastro Pedro I y se casaría con doña Juana Manuel de Villena, con quien tendría un hijo (el futuro Juan I) olvidándose de Catalina y de su otro hijo. Se cuenta que un día fue a visitar a un hechicero quien le dijo que tenía las manos manchadas de sangre y que tuviese cuidado pues lo mismo le podría pasar a su propio hijo. Entonces se acordó de su hijo bastardo en Cuenca.

Enrique II decidió mandar a sus hombres y acabar con la vida de su hijo bastardo. Los hombres del rey se presentaron en casa de Catalina para llevarse a su hijo Gonzalo. Catalina trató por todos los medios de que no se lo llevasen, pues sabía cuál iba a ser su desenlace, pero fue totalmente en vano.

Durante días y días se escuchaban los gritos de Catalina, implorando por su hijo desde su casa en la Hoz del Huécar. Un día Catalina, presa de la desesperación, se arrojó a la misma Hoz del Huécar acabando con su vida. Los vecinos de la ciudad aseguraban escuchar todavía los lamentos de Catalina que recordaban al triste cántico de una sirena.

Los ojos de la Mora

La hoz del Júcar es una de las dos hoces que moldean el casco histórico de Cuenca. Ahí es dónde encontramos Los Ojos de la Mora. La leyenda sucedió años después de la conquista de Cuenca, pues parte del pueblo moro se quedó ocupando la ciudad bajo el dominio cristiano. En uno de los barrios que pertenecía a los moros, vivía la mora más bella, la cual se enamoró de un soldado del ejército cristiano. Su amor era secreto, se veían a escondidas por una ventana de la casa de la mora ya que cualquier contacto entre culturas estaba prohibido.

El padre de la mora, quería casar a su hija con un moro joven que había pedido su mano, pero ella se negó y lo rechazó. Por lo cual, el joven moro empezó a investigar por su cuenta porque le había rechazado y comenzó a velar por las noches.

La pareja planeó casarse para que nadie les pudiera separar por tanto buscaron a un cura para que la convirtiera al cristianismo y así una noche escapar y casarse. La torre mangana que en aquella época antigua era el principal reloj de la ciudad les sirvió para sincronizar sus planes, acordando que, al sonar el reloj, irían a buscar al cura que les uniese como matrimonio cristiano.

Cuando aquella noche empezaron a tocar las campanas, salieron en busca el uno del otro, pero el moro con el que se iba a prometer, que velaba por las noches, reunió a un grupo de moros que atacaron y mataron al joven soldado.

La mora se quedó esperando en la hoz, y nunca pudieron reencontrarse. Con el tiempo la mora se enteró del porqué su enamorado cristiano no acudió a la cita e intentó suicidarse, para estar junto al soldado en el cielo. Lo impidió el cura amigo presente en la misma habitación, advirtiéndole que el suicidio estaba prohibido para los cristianos y que de esa forma no se reuniría con él en el cielo.

Dicen que la mora se murió de amor en el Cerro de la Doncella, donde quedó con el cristiano y sus ojos miran al Casco Antiguo desde el sitio donde está esperando. También se dice que después de convertirse al cristianismo, como no podía volver con su familia ni estar con su amado, se fue al convento que está en la calle San Pedro y allí permaneció hasta el fin de su vida.

La escuela de artes y oficios de Cuenca decora «Los Ojos de la Mora» cada año de un color.

Y así, de esta manera conocemos otras dos famosas leyendas de la ciudad de Cuenca que, sin duda, siempre permanecerán a lo largo de los años por su encanto, por su misterio, por todo aquello que hace que Cuenca sea una ciudad de cuento.

Artículos relacionados

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar y mejorar su experiencia de navegación. Al continuar navegando, entendemos que acepta su uso. Aceptar Leer Más

Privacy & Cookies Policy