Andrea Motis y Paula Serrano, coração das mulheres

Por Marta Cigliutti

Dos artistas que tienen en común la juventud, el talento y la dedicación por la música. Dos mujeres que saben lo que quieren y cómo lo quieren, han protagonizado una noche totalmente femenina en Estival. Swing, cantos brasileños y música de autor en el Parador, que volvió a completar aforo en este caluroso martes de su novena edición.

Cuando Paula Serrano se sube al escenario de su ciudad, todas las sillas – colocadas a distancia de seguridad – están ya ocupadas. Parece muy pequeña detrás de esa enorme guitarra negra, pero su actitud es la de una mujer que sabe lo que hace. Se mueve en el escenario con una naturalidad jovial, como si llevara allí arriba toda la vida. Su voz es tan fuerte y poderosa, que a veces parece rugir. “Soy muy jovencita”, dice tímidamente, y el público aplaude cómplice. Con apenas veinte años, sabe que con esa voz y ese carisma que la acompaña en el escenario puede llegar a cumplir sus Sueños. 

Interpreta sus canciones que rebosan de amores perdidos y cuerpos que quedan malheridos. Un repertorio que completó ayer en Estival con un cariñoso homenaje a Pau Donés y a las canciones de Jarabe de Palo. Antes de dejar la escena del Parador, Paula decide agradecer a todos los que lucharon en primera línea en contra de la pandemia de COVID-19, cantando con la mascarilla puesta Cuando nos volvamos a ver. El tema, escrito a o largo del confinamiento, es un canto de esperanza para un futuro distinto en el que “colgaremos las armas, porque el mundo se arrepiente”.

Tras Paula, llega el turno de la Andrea Motis que al subir al escenario recibió un “enhorabuena” desde el público y una gran ovación.  Andrea Motis se acaricia la redonda barriga y sonríe dando las gracias. Su espectáculo de swing, música de autor y canciones brasileñas, arrancó con una pequeña introducción en la que Andrea compartió con el público sus raíces conquenses. 

Joan Chamorro y Joseph Traver, complementan este trío de hondura jazzística y toques juguetones que tan bien arropan a Andrea Motis sobre el escenario. Joseph se acerca la cabeza sobre la guitarra, como si compartiesen confidencias. Joan, tras el contrabajo, se mimetiza con el ritmo. 

Con la caída del sol, la música empieza a tomar colores cada vez más sugerentes, como si la voz de Andrea trepase por las paredes del Parador, diera vueltas en el aire para descender tiernamente sobre el público en un arrullo que trae la brisa del océano. “Canciones medio alegres, medio tristes”, a las que la trompeta y la voz de Andrea Motis tan bien se adaptan. 

Los instrumentos relajan, su voz estimula los sentidos mientras susurran los versos de los maestros brasileiros. En el aire flota ese aroma de nostalgia de las noches de finales de verano en las que se despiden a los eternos amores adolescentes. 

Texto de Marta Cigliutti y fotos de Evelyn Mardomingo publicado en Las Noticias de Cuenca.

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